La frontera tradicional entre marketplaces y retailers se ha ido difuminando en los últimos años a medida que grandes minoristas, como Country Road Group —históricamente centrado en marcas propias—, incorporan marcas de terceros en sus plataformas digitales sin asumir inventario, adoptando modelos más flexibles y de menor riesgo operativo.
Esta tendencia se extiende entre los principales actores del retail australiano. Grupos como Myer, Big W, Bunnings, Chemist Warehouse, Coles y Woolworths ya operan o han ampliado sus propios marketplaces online. El caso más reciente es el de Kmart, que lanzó su marketplace en mayo de 2025 tras el cierre de Catch por parte de Wesfarmers en abril de este año. Este escenario apunta a un proceso de consolidación del sector, en el que los operadores de mayor escala y capacidad logística ganan terreno frente a modelos independientes.
El auge del modelo marketplace no se limita a Australia. A nivel internacional, retailers como Marks & Spencer y ASOS en el Reino Unido, o Walmart en Estados Unidos, han integrado este enfoque en sus estrategias digitales, consolidando este formato como uno de los principales motores de crecimiento del comercio electrónico global. Para los retailers, se trata de una vía eficiente para diversificar la oferta, ampliar su alcance y generar ingresos adicionales en un contexto marcado por la presión sobre el coste de la vida y el incremento de los costes operativos tras la pandemia.
La adopción de este modelo responde, en gran medida, a un cambio en las preferencias del consumidor, que cada vez valora más la comodidad, la rapidez y la eficiencia del proceso de compra. Los marketplaces responden a estas demandas al concentrar una amplia oferta en un único punto de compra, reducir costes y simplificar la logística, además de favorecer el descubrimiento de nuevas marcas aprovechando la confianza del usuario en la plataforma. Como resultado, cerca del 40 % de los australianos compra semanalmente en marketplaces online y alrededor del 80 % afirma acudir con menor frecuencia a las tiendas físicas.
En la última década, el gasto en marketplaces se ha multiplicado por diez, alcanzando alrededor de una cuarta parte del gasto minorista y posicionándose como uno de los principales motores de crecimiento del e-commerce.
A pesar de su crecimiento, los marketplaces enfrentan desafíos importantes. Todavía persisten dudas sobre la calidad percibida de los productos y la gestión de devoluciones, factores determinantes para la experiencia del cliente. Para mitigarlos, las plataformas están realizando importantes inversiones en infraestructura logística local, conscientes de que la rapidez y la fiabilidad en la entrega se han convertido en elementos tan esenciales como el precio en las decisiones de compra, lo que refuerza el papel de la cadena de suministro como factor clave de diferenciación y fidelización.
En este contexto, el cierre de marketplaces independientes como Catch y recientemente MyDeal, junto con la expansión de plataformas integradas en grandes retailers, marca una fase de maduración y consolidación del sector. A medio y largo plazo, el comercio minorista australiano se orienta hacia un modelo híbrido, que integra la conveniencia, rapidez y variedad del marketplace digital con la confianza, experiencia y control de calidad del retail físico. Esta convergencia entre canales físicos y digitales convierte a las tecnologías de cadena de suministro unificadas en elementos estratégicos para liderar la siguiente etapa de transformación de la industria.
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